Donde nos lleve el viento

 

Después de haber cambiado de tierras tantas veces, todavía no se acostumbraba a despedirse de la gente. Las emociones se amontonaban: se sentía agradecida por tener nuevas personas que apreciar en su vida, por compartir buenos recuerdos y también una nostalgia anticipada le anudaba la garganta porque sabía que la gente le iba a faltar. Sin embargo, dejar un lugar atrás sin saber cuándo iba a regresar ya no le costaba. Ya no pensaba que por última vez caminaba por esta calle estrecha, que por última vez veía este árbol tan peculiar, que por última vez sentía la arena oscura y suave de su playa volcánica preferida. Desde que despegaba su avión o arrancaba su tren miraba hacia delante, hacia lo que la esperaba.

 

Así que esta madrugada, sin temor a la separación, Alice subió su carro al ferry. Las llantas del vehículo se aplastaban por el peso de sus bultos. No había dormido en la noche porque terminaba de empacar sus cosas y quería dejar su habitación en un estado decente. Cuando llegó al barco, se subió al puente de la popa donde escogió una tumbona y se quedó allí los dos días que siguieron hasta llegar al destino, la península. Todavía era de noche cuando se quedó dormida en su saco de dormir, disfrutando del aire húmedo que rodeaba su cara. Se levantó un par de horas después cuando el sol ya era alto y que el ferry navegaba entre Fuerteventura y Lanzarote. Visto desde allí, las dos islas sólo parecían agrupaciones de colinas que salían del medio del océano. Hicieron escala en la más oriental de archipiélago y, como siempre, la gente se juntó en el puente para observar el ir y venir de los otros pasajeros que bajaban y subían. Ella estaba cansada y de todas formas nunca le había interesado esta escena, o quizás sólo en su niñez cuando iba de vacaciones con su padre y que cruzaban una desembocadura en Francia, pero no lo recordaba.

Había llevado con ella todo lo que necesitaba para estos dos días de viaje. Le encantaba organizar su mochila con lo mínimo vital como si estuviera en estado de sobrevivencia. Se había preparado comida la noche anterior para aguantar hasta España sin tener que comprar a bordo algo que probablemente iba a ser caro y malo. También llevaba algunas cosas de higiene básica y un libro de Allende que iba a terminar antes de alcanzar tierra firme. No había internet en el barco lo que permitía desconectar y además le convenía a su humor, le esperaba lo desconocido por lo tanto su mente no tenía que preocuparse en nada, sólo podía esperar el siguiente episodio de su viaje. Estaba tan cansada que descansó todo el día y en la noche se quedó dormida a pesar del volumen de la música que quería reproducir el ambiente de una discoteca para los pasajeros aburridos.

Al día siguiente, aunque se habían alejado del archipiélago, parecía que el viento de Canarias les había seguido. Al principio se movieron unas sillas de metal sobre el puente pero pronto todas, incluso las que eran ocupadas, empezaron a deslizarse formando un baile descontrolado. Unas cuantas cosas volaron por la borda. Las más pesadas cayeron en el océano después de vagar unos kilómetros y de las más ligeras algunas se fueron hasta el continente africano. Así un hombre en Marruecos vio aterrizar en frente de él una hoja de bingo con un par de números rayados. Cuando el día se volvió caliente, la gente quiso ponerse bloqueador solar. Pero al apretar el tubo, aunque uno lo acercaba al máximo a su piel, la crema se iba volando, llegando a lo mejor a la piel de otro, a lo peor amerizando y engañando a los peces a la superficie del agua. Según hacia donde caminaba la gente, unos se veían empujados, otros luchando contra una fuerza invisible que les impedía avanzar al ritmo deseado, como les ocurre a los ancianos. El aire era tan fuerte que cualquier comunicación se volvió imposible. El viento se llevaba las voces justo cuando salían de las bocas así que las palabras nunca llegaban al oído del destinatario.

Era el mismo viento que había jugado con ella un día en Tenerife. Alice iba por las calles distribuyendo volantes para promover una tienda donde se vendían entre otras cosas algunas de sus pinturas. Acercando los papelitos a los transeúntes les iba explicando a los más curiosos todas las artesanías y curiosidades locales que podían encontrar allí. Todavía le faltaba distribuir muchos cuando de repente el viento le arrancó los volantes de las manos para darles sentido a su nombre. Los dispersó de inmediato, se elevaron por todos lados y ella entendió rápidamente que no iba a poder alcanzar ni uno. A la gente que caminaba gesticulando, le llegaba los volantes a las manos y les hacía tanta gracia que se iban a la tienda. También bajaban a los cochecitos de bebé y a los carros cuando uno abría la puerta para meterse. Algunos se colaron en unos buzones y debajo de unas puertas. A mucha gente le dio curiosidad ese papelito que había llegado misteriosamente a sus vidas y esa semana la tienda estableció un record de visitas y ventas. Incluso unas semanas después la gente seguía encontrando la propaganda y se daba una vuelta por allí.

Los pasajeros del barco se cansaron y se refugiaron adentro pero a Alice le parecía insoportable el ambiente frio y seco del aire acondicionado. Bien  abrigada se quedó viendo las marcas blancas que dejaba el ferry en el azul del agua. Hacía tanto tiempo que el paisaje seguía igual que el océano parecía interminable. Pero al final del día llegaron a Andalucía donde le esperaba el futuro.

 

3 thoughts on “Donde nos lleve el viento”

  1. Es un placer leer tu relato Coralie. Contando la experiencia de esa mujer, contando esa parte de su vida has tejido una telaraña y me has atrapado en ella, me has hecho partícipe de su experiencia, de su vida y solo puedo desearle que el futuro que le estaba esperando fuese maravilloso. Gracias Coralie

  2. Querida Coralie, me a sido muy grato leerte y poderme imaginar que tu eres la protagonista.
    Besos 💋💋muchos (saludos 🤝🤝), más.

  3. Querida Coralie,
    La manera en que lo relatas te hace vivir un poco la historia de Alice, sus observaciones, sus sensaciones, sus incognitas…
    Me gustó mucho!
    J’ai beaucoup aimé! Ensuite, jusqu’a la prochaine historia!
    Bss Héctor

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